El primer disco duro fue el IBM 3501, en 1956. Compuesto por un total de 50 platos, pero tan sólo un cabezal encargado de leerlos todos.
El sistema de disco IBM 350 almacenaba cinco millones de caracteres de siete bits (aproximadamente 4,2 MiB). Tenía cincuenta discos de veinticuatro pulgadas de diámetro. Dos brazos independientes se desplazaban verticalmente seleccionar un disco y horizontalmente para seleccionar una pista de grabación, todo para control de servomecanismos.
Su gran mérito consistía en el que el tiempo requerido para el acceso a un dato no dependía de la ubicación física del mismo. En las cintas magnéticas, en cambio, para encontrar una información dada, era necesario enrollar y desenrollar los carretes hasta encontrar el dato buscado.
La tecnología inicial aplicada a los discos duros era relativamente simple. Consistía en recubrir con material magnético un disco de metal que era formateado en pistas concéntricas, que luego eran divididas en sectores. El cabezal magnético codificaba información al magnetizar diminutas secciones del disco duro, empleando un código binario de «ceros» y «unos». Los bits o dígitos binarios así grabados pueden permanecer intactos por años. Originalmente, cada bit tenía una disposición horizontal en la superficie magnética del disco, pero luego se descubrió cómo registrar la información de una manera más compacta.
Antiguo disco duro de IBM: modelo 62PC, «Piccolo», de 64.5 MB, fabricado en 1979El mérito de los Nobel de Física el francés Albert Fert y al alemán Peter Grunberg; por sus contribuciones en el campo del almacenamiento magnético, fue el descubrimiento del fenómeno conocido como
magnetorresistencia gigante, permitió construir cabezales de lectura y grabación más sensitivos, y compactar más los bits en la superficie del disco duro. De estos descubrimientos, realizados en forma independiente por estos investigadores, se desprendió un crecimiento vigoroso en la capacidad de almacenamiento en los discos duros, que se elevó a 60% anual en la década de 1990.
Gracias a ello, poco a poco fueron reduciendo su enorme tamaño, hasta que en la década de los ochenta la compañía Seagate introdujo el ST-506, adecuado para su uso en ordenadores personales. Desde entonces hasta ahora han continuado disminuyendo su tamaño físico y aumentando la capacidad de almacenamiento, adaptándose así a las crecientes necesidades de memoria.
En 1992, los discos duros de 3,5 pulgadas alojaban 250 MB, mientras que
10 años después habían superado los 40.000 MB o 40 gigabytes (GB). En
la actualidad, ya nos acercamos al uso cotidiano de los discos duros
con más de un terabyte (TB) o millón de megabytes.
Actualmente hay discos duros portátiles. Muchos de ellos, incluso, permiten la conexión directa con las televisiones y monitores para visualizar los contenidos multimedia almacenados en su interior.
Curiosidad:
En el año 1981
Bill Gates dijo que
«640 Kb de memoria han de ser suficientes para cualquier usuario»,
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